Ana blu es azul, ella no lo sabe hasta ahora, es tan mía como de ella,
tanto que tengo que darle color, altura, peso, voz,. Todo.
Ahora me mira con rabia, sus ojos permanecen azul con calma
No sabe que decir porque aún no le ha dado palabras,
Quizás piensa que es injusta mi maña, de decidir por ella
En fin, Ana blu es azul, cuando habla
Su acento huele a plumerías,
A frambuesa y a oceánias.
Sus tres edades la han hecho sabia,
Aunque a veces sabe tanto de palabras
Y cosas imposibles que prefiere estar callada
la mayoría del tiempo.
La historia de ana blu es tan sencilla y complicada,
Por eso tengo que decidir por ella de vez en cuando;
Cuando piensa se atasca
Y tengo que mover mis dedos dentro de su boca
Para encontrar las palabras que se le atoran en la garganta.
El proceso tarda demasiado, hay días en los que no quiere decir nada
Sino pensar, entonces se le enredan en el cabello negro.
Para que se sienta mejor
le peino el cabello, tantas veces, hebra por hebra, hasta que vayan cayendo palabras, ideas, pensamientos largo o cortos, luego los recojo con un papel.
El tamaño y la cantidad de papel depende de lo que haya caído, a veces son solo frases cortas, a veces son cuentos, o dibujos, utilizo papel bond, tamaño carta u oficio, cuando son insolencias bien dichas, utilizamos papel Kimberley que tenemos bien guardado en el segundo cajón del cuarto.
Ana también me ayuda a pensar, ella se sienta delante de mí para que yo entienda que quiero decir, escribir o pensar, me instruye tanto con sus sueños, sus cantos, mis días y mis próximas movidas.
- Dime, ¿Por qué azul? ¡Yo no quiero ser azul! ¿Por qué azul?
- ¿Qué color querías Ana blu?, Ana blu verde no me entiende; Ana blu roja es decorosa; Ana blu amarilla dice muchas mentiras, solo Ana blu azul eres tú.
- ¡¿Y quien soy para tener que ser azul?!
Ana blu, a veces no sabe que hay preguntas cuyas respuestas yo no sé.
Ella cree que yo lo sé todo, también quiero que ella crea eso, pero la verdad es que no lo sé.
Por eso hoy solo le sonrió.
Aquellos días en los que Ana blu regreso de la guerra.
Ana Blu fue a la guerra.
Recogió arena, amuletos y armas.
Un poco de agua para cuando tenía sed.
Cuando regresó de la guerra
traía tanto consigo que le fue imposible
pasar por la puerta de la casa.
Así que se quedo en la terraza
muchos días, muchas noches y meses.
Yo la miraba por la ventana, no podía salir a saludarla
O darle comida porque entre las tantas cosas que trajo, habían:
Minas, barreras, granadas, victimas, culpas y todas esas cosas que hacen daño y hacen guerra.
Así que de vez en cuando, Ana y yo, conversábamos desde la ventana,
Digo solo de vez en cuando,
Porque ella no me escuchaba cuando abría el cofre verde por las tardes
Ese cofre verde y esas tardes naranjas
La alejaban bastante de mi mundo “lógico” ,
Y a mí, me alejaban de sus palabras precisas.
miércoles, septiembre 19, 2007
lunes, septiembre 03, 2007
No podia dejar pasar...
Como siempre, ando en idilio literario con Julio Cortazar...siempre lo reeleo y algo nuevo me gusta más...así que no voy a dejar pasar la ocación y colocarles un cuentecito y un fragmento de otro cuentecito...saludos y que lo disfruten
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
--------------------------------------------------------------------------------
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
:::Canada Dry:::
(...) "Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato en el mismo bolsillo donde llevo esta vida que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma, el baño está ahí al lado, yo fumaré esperándote empezaremos otra vez. El cielo raso dibuja un gato, un número, una mano cortada."
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
--------------------------------------------------------------------------------
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
:::Canada Dry:::
(...) "Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato en el mismo bolsillo donde llevo esta vida que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma, el baño está ahí al lado, yo fumaré esperándote empezaremos otra vez. El cielo raso dibuja un gato, un número, una mano cortada."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

